Ruta de los Canteros

 
 
 ImprimirEnviar a un amigo
 

Mingorría :: Ruta de los Canteros
Muchos pueblos de la provincia abulense se ven rodeados de grandes piedras granillosas, algunas son de color rojizo o amarillento, y otras son gris-perla con puntos negros y espejuelas, rocas graníticas se llaman.

Un buen día, el hombre se subió a ellas y, tras observarlas armado de rudimentarias herramientas, decidió extraerlas, cortarlas y darles forma.

Desde entonces hizo de la cantería su oficio y su vida, convirtiendo, sin saberlo, su trabajo artesanal y anónimo en arte, contribuyendo con ello a crear el paisaje arquitectónico de los pueblos y ciudades.

Mingorría
(Valle Amblés y Sierra de Ávila)

Los canteros de Mingorría, junto con los de Cardeñosa y alguno de Brieva, son casi los únicos artesanos abulenses que trabajan el granito como hace cientos de años, igual que lo hicieron sus antepasados. Ello trae a la memoria del cantero errante los recuerdos de otros tiempos en que se desplazaba a pie de las obras repartidas por toda la geografía española, y se enorgullece de aquellos trabajos de piedra que hizo para construcciones que destacan en la historia de la arquitectura: la Universidad Laboral de Gijón y la Universidad de Alcalá de Henares; las catedrales de Burgos y León; las estaciones de ferrocarril de Ávila, Chamartín, Bilbao, Cuenca y Medina del Campo; los paradores de Ávila, Gredos, Trujillo, Arcos de la Frontera, Picos de Europa, Toledo, Tordesillas, Valle de Arán, Puebla de Sanabria y Zamora; los palacios de Bracamonte en Ávila, la Moncloa, la Zarzuela y el Congreso de los Diputados; los museos de Ávila, el Pueblo Español en Palma de Mallorca y de Santa Cruz de Mudela en Toledo; los muelles y los puertos de Barcelona y San Sebastián; los polígonos industriales de Avilés, Gijón, Mieres, Pamplona y Valladolid; además del monumento pétreo de Cuelgamuros y Cruz de los Caídos en El Escorial, iglesias, puentes, edificios públicos e innumerables calles y plazas de Ávila, Madrid, Valladolid, Santander, Medina del Campo, Calatayud, Bilbao, Burgos, etc., sin olvidar los edificios de viviendas y casas de todo tipo, los trabajos de cementerio y una gran multiplicidad de piedras ornamentales.

Actualmente los canteros de Mingorría y Cardeñosa continúan su actividad artesanal en las canteras abiertas al cielo en las formaciones rocosas que circundan las localidades, aunque el número de trabajadores ha disminuido considerablemente en la actualidad.

Alguno de los últimos encargos fueron con destino a Méjico, y consistieron en los elementos de piedra labrada que forman los pilares sobre los que apoya una caseta de madera, cuyo conjunto forma la construcción popular conocida como «hórreo».

Otros encargos de piedra labrada en forma de bancos, bordillos, jambas, dinteles, cornisas, peldaños o losas, vienen siendo atendidos en la actualidad para la pavimentación de calles o para edificios históricos o casas señoriales.

Y cuando el trabajo escasea, dado lo costoso de la actividad artesanal y la competencia de la producción industrial de las grandes canteras, el cantero descansa con el cuerpo resentido de tanto «picar» mientras recuerda tiempos mejores.

La cantería, junto con la agricultura y la ganadería, ha sido un trabajo tradicional y característico de los hombres de Mingorría y Cardeñosa. Con la llegada del ferrocarril en el año 1862 y la instalación de la doble vía en 1925, se necesitan grandes cantidades de piedra para el balasto y los numerosos puentes, por lo que aumenta considerablemente el número de canteros y comienza la explotación de una gigantesca cantera de grava y gravilla en Mingorría explotada últimamente por RENFE. En la actualidad la actividad artesanal ha ido abandonándose y sustituyéndose por fábricas mecanizadas, muchas de ellas creadas por antiguos canteros. Lo que unido al envejecimiento de la población y la falta de aliciente para los jóvenes, ha reducido considerablemente la práctica artesana de este oficio.

Como ejemplo de intervención en la conservación del patrimonio podríamos haber escogido cualquiera en la ciudad de Ávila. Lo mismo nos habría dado, porque lo que ahora interesa es hablar del noble oficio de la cantería, destacando su importancia en la rehabilitación y recuperación de nuestro patrimonio histórico, la cual pasa entonces por el trabajo anónimo y callado de numerosos artesanos.

Reencontrarse con esta profesión en el tiempo es buscar en castillos y murallas, en catedrales e iglesias, en palacios y casas señoriales, y también en las antiguas plazas y calles adoquinadas de la ciudad, en puentes y en numerosos elementos de la arquitectura popular.

Hoy, los canteros, enfrentándose a las nuevas técnicas de construcción y a la industrialización que han invadido práctica-mente todos los campos, sólo tienen una salida: la conservación del patrimonio histórico como colaboradores directos de los especialistas en restauración.

Atrás quedó la organización gremial de la cantería, donde cada cuadrilla estaba formada por una decena de hombres dirigidos por un jefe y entre los que había cortadores, labrantes y pinches. Ya no quedan pinches ni aprendices, porque las jóvenes generaciones hace tiempo que huyeron de este duro trabajo, mientras que los labrantes también hacen de cortadores y se ocupan de sus propias herramientas, haciendo incluso trabajos de fragua. En otro tiempo, mediado el siglo XX, al gran número de canteros existentes se sumaban casi todos los labradores, quienes se ocupaban del transporte de la piedra mediante carros tirados por vacas o mulas. Por ello no es de extrañar que en los años cuarenta se labraran hasta cinco vagones de tren semanales de adoquín mosaico en Mingorría.

La historia de Ávila es, en parte, la historia de sus piedras, como dice José Antonio Romero. Y es que de piedra son muchos de los restos encontrados de la Edad Paleolítica, hasta la Edad del Hierro, y ejemplos de ello son los castros de Ulaca y las Cogotas, de cuya cultura son los enigmáticos verracos. Hasta los restos romanos y visigodos son muestras palpables de la importancia del trabajo de la piedra en estas épocas. Mientras que de la Edad Media y el siglo XVI son el mayor número de construcciones monumentales que llenan el casco antiguo de la capital abulense, sin olvidar los numerosos ejemplos que nos ofrece la arquitectura popular.

La conservación del legado monumental sobre el que se construye la historia de Ávila, obliga sin duda a contar con la pericia de los artesanos de la piedra: los canteros. La pervivencia, casi testimonial, de este oficio en los pueblos de Mingorría y de Cardeñosa destaca frente a la abundancia de yacimientos graníticos existentes sin explotar en otros lugares de la provincia, donde esporádicamente se practicó el oficio (Sotillo de la Adrada, La Colilla, Arenas de San Pedro, Navaluenga, Navatalgordo, Ávila y Santa María del Berrocal), por ello se hace necesario un mayor apoyo institucional a esta actividad artesana que actualmente carece de alicientes profesionales por la dureza del trabajo. Aquí, no obstante, hay que destacar el papel de las escuelas-taller, donde suele figurar la cantería como uno de los módulos a impartir entre los alumnos, si bien éstos rara vez continúan trabajando en el oficio cuando finaliza la escuela.

Las canteras son una formación rocosa de donde se extraen las piedras para ser labradas. La explotación se hace a cielo abierto aprovechando el granito que se encuentra a flor de tierra. El frente de cantera es por donde se comienza la extracción, y empieza de fuera adentro y de arriba abajo, formando planos escalonados o terrazas. En el mismo lugar se ha preparado un espacio libre y llano que permita la colocación del bloque de piedra para ser calzado, instalado de una forma estable y dispuesto para ser trabajado con comodidad, además permitirá el almacenaje de las piezas preparadas para su transporte.

La extracción manual de la roca granítica se realiza como antiguamente, mediante la colocación de cuñas de acero que al ser golpeadas con el mallo rompen la piedra en bloques, los cuales serán desbastados con la maza de hierro y el pico o punterola. Posteriormente se inicia el labrado con la martelina, el cincel o puntero, el martillo de dos brocas, el trinchante y la bujarda, dando forma a la piedra con la ayuda de plantillas, baiveles, niveles, plomadas y compases entre otros instrumentos. Para el arrastre de piedras se utilizan rodillos, gatos y otras máquinas auxiliares, mientras que para el transporte vertical se usan cribas y polipastos o aparejos. La única innovación técnica consiste en un compresor y una sierra radial, lo que facilita considerablemente la extracción y el cortado de la piedra.

A fuerza de repicar la roca la salud de los cortadores y labrantes se resiente, agravada por las inclemencias del tiempo. El polvo del granito golpeado mezclado con el aire que se respira provoca silicosis, y muchos han pagado con su vida esta enfermedad. La postura agachada y encogida que suele adoptar el cantero y el gran esfuerzo físico que supone mover piedras produce la desviación de la columna vertebral (citosis). Las esquirlas que saltan suelen dañar los ojos y muchos martillazos que se escapan al aire ocasionan dolorosas llagas en las manos. Por todo ello a los canteros se les llama «los sufridores de la piedra».

TALLISTAS DE LA PIEDRA Y ESCULTORES

La capacidad artística innata y natural de muchos canteros ha propiciado manifestaciones escultóricas de gran valor. Sus artífices traspasaron en estas obras el carácter artesanal del oficio de la cantería elevándolo a verdadero arte. Sin abandonar la condición de artesanos, y reconociéndose como auténticos tallistas y modeladores de la piedra, hay que destacar los siguientes ejemplos:

Julián Rubio «El Torero», natural de Mingorría, a pesar de carecer de formación académica, ha destacado como artista en la labra de réplicas de los leones que circundan la catedral de Ávila. José Lagares, también de Mingorría, ha desempeñado el oficio de cantero durante toda su vida, sobresaliendo por la labra de interesantes tallas esculturales.
Rutómetro
Recorrido por antiguas canteras y contemplación de una de las actividades artesanales más singulares de los habitantes de Mingorría y Cardeñosa, la cantería.

Esta actividad se vio favorecida por la abundancia de formaciones rocosas existentes en una franja que va desde «Las Cogotas» hasta la Venta de San Vicente y la Alameda.

Las canteras explotadas a cielo abierto salpican el paisaje de la zona y en ellas todavía puede oírse el repique de punteros, tal y como ocurre junto a la presa de las Cogotas, o al Este de Mingorría en el límite con San Esteban de los Patos, y también en La Alameda y en Brieva.

Cómo llegar
Desde la presa de las Cogotas, a ambos lados del río abundan antiguas canteras de Cardeñosa y Mingorría, siendo el acceso hasta aquí fácil y cómodo.

Poco antes de llegar a Mingorría desde Ávila, a la derecha se encuentra la ermita del Cristo, rodeada de grandes berrocales de piedra, donde hubo una de las muchas canteras de la zona.

En la Alameda, junto a la Venta de San Vicente, perteneciente al municipio de Tolbaños, se halla una impresionante cantera abandonada.

Otra cantera explotada industrialmente para balasto se halla en Mingorría, junto a la vía del ferrocarril según puede verse desde la carretera, a la que se accede por el desvío sito en el p.k. 148,7 de la N-403 en el paraje del «Verdinal».
Fotos de la Ruta
Mingorría :: Ruta de los Canteros   
 
volver
 
 
Gif App TurismoAyuntamiento de ÁvilaPlan de Competitividad Turismo Activo Sierra de Gredos Valle de Iruelas (PCTA Gredos-Iruelas)Time PymePOCTEPDiputación Provincial de Ávila