Ruta de los Molinos

 
 
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Mingorría :: Ruta de los Molinos
Breve recorrido por un importante número de molinos de la ribera del Adaja y del Voltoya, situados en Cardeñosa, Mingorría y Zorita de los Molinos, Pozanco, Navares, Velayos, Las Gordillas, Aldealgordo y Tolbaños.

Sobre el recorrido se recogen apuntes históricos y descripción del funcionamiento de los molinos y el noble oficio de molinero.

Mingorría
(Valle Amblés y Sierra de Ávila)

El paisaje que configura el río Adaja a su paso por Cardeñosa, Mingorría y su anejo Zorita de los Molinos se ve engrandecido por la presencia de multitud de molinos harineros, característicos de una incipiente actividad industrial de transformación de los productos cerealistas que se ha venido desarrollando en la zona desde el siglo XIII, de donde se obtenía la harina que hizo famosos a los panaderos de Mingorría.

RECORRIDO HISTORICO

Los molinos hidráulicos eran las instalaciones de uso colectivo donde se advierte un nivel más elevado de tecnología agraria. Su construcción estuvo bastante extendida en la geografía diocesana durante los siglos XIII y XIV, de cuya época datan los molinos de Mingorría y Zorita, según consta en el Archivo de la Catedral estudiado por Ángel Barrios.

Ya en el siglo XVIII, el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1751 censa en Cardeñosa los molinos de «Pedro Cojo» y «Pedro Cojillo», situados en la margen izquierda del río Adaja actualmente invadida por la presa de las Cogotas. Agua abajo de la presa estaban censados en la misma margen los molinos del monasterio de la Encarnación «Revuelta» y «Revoltillo», hasta llegar a los «Callejones de Chascarra» frente a la dehesa de «Yonte».

En la margen derecha, ya en el término de Mingorría, el Catastro de Ensenada daba cuenta de los molinos de «Trevejo», «Arroyo Pepino», «El Molinillo», «Pajuela», «Las Juntas», «El Obscuro», «El Pontón», «El Negrillo» e «Ituero», propiedad del monasterio de la Encarnación, de la parroquia de San Vicente o de las Obras Pías de la iglesia de Mingorría, y excepcionalmente de particulares.

Frente a los molinos de Mingorría, en la margen izquierda de Cardeñosa, el Catastro censa los molinos «Barbas de Oro» y «El Castillo», y los batanes «De Córdoba», «De Alejandro» y «El Caleño». En la misma margen, pero en el término de Zorita se censan los molinos «Nuevo», «Hernán Pérez», «Molinillo», «El Puente», «El Cubo» y «El Vego». Al otro lado del río, en la margen derecha, aparecen censados en el municipio de Pozanco los molinos «La Balsa del Cubo» y el «Viejo». En Navares, término de Peñalba, se data el molino «Del Prior» perteneciente al monasterio de la Antigua.

Otros molinos que se asoman sobre el río Voltoya son los que hay en Tolbaños, Tabladillo, Aldealgordo, Las Gordillas y Velayos.

Sobre la importancia de la industria molinera, diremos que a mediados del siglo XVIII todos los molinos juntos de Zorita y Mingorría producían una renta anual de más de tres mil trescientas fanegas de cereales (trigo, cebada, centeno y algarrobas), mientras que una fanega de trigo valía unos quince reales y el alquiler de un molino de dos ruedas era de unas cincuenta fanegas de trigo al año.

La construcción de los molinos tenía un alto precio, por lo que era normal que el mismo fuese financiado por varios propietarios con gran poder adquisitivo, aunque su titularidad acabó siendo, mayoritariamente, de fundaciones benéficas y órdenes religiosas a través de distintas donaciones, si bien en su mayoría eran explotados en renta por los molineros de Cardeñosa, Mingorría y Zorita.

En el siglo XIX el Diccionario de Pascual Madoz (1845-1850) señala que Mingorría cuenta con una veintena de molinos harineros, los cuales serán des-amortizados para pasar a manos de particulares. Años más tarde, en el Nomenclator de la Provincia de Ávila de 1863 se censan en Mingorría y Zorita quince molinos, en Cardeñosa hay seis y en Pozanco tres, a los que seguían el de Navares (Peñalba) y el de «Los Lobos» o «Los Pobos» en Hernansancho, además de los molinos del Voltoya. Finalmente, en el año actual de 2001 tan sólo se mantiene en funcionamiento el molino «Hernán Pérez» en Zorita.

LOS MOLINOS

Los molinos construidos en la zona constituyen un destacable ejemplo de arquitectura popular, donde la piedra se convierte en el material básico. Todos ellos fueron emplazados aisladamente fuera de los cascos urbanos, a una distancia de los mismos que va desde los quinientos metros a casi los tres kilómetros. Los edificios solían ser de una planta con un sobrado, ampliándose una segunda planta de adobe en alguno de ellos. La mayoría de ellos también eran utilizados como vivienda temporalmente, por lo que disponían de cocina. Y como era preciso atender a las caballerías que transportaban la harina y el grano también se disponían construcciones anejas destinadas a cuadras y pajares. Algunos molinos, como el «Hernán Pérez», cuentan además con gallinero, palomar y pocilga.

Casi todos los molinos utilizaban directamente el agua del río como fuente de energía, con excepción del molino del «Cubillo» que utiliza el agua de un manantial y del molino de «Canongía» que también lo obtiene de un pequeño arroyo y un manantial.

Para el aprovechamiento energético del río se construyeron pequeñas presas o azudes que cortan el cauce, creándose una importante masa de agua denominada pesquera. Desde aquí el agua se conduce hasta el propio molino a través de un canal o cacera, o «chorro» formado de gruesas paredes de piedra o excavado sobre el propio terreno, en algunos casos el agua se recoge después en una balsa, como en el molino «Trevejo» o los molinos «Cubillo» y «Canongía». Cuando el agua llega al molino pasa a través de una o varias aberturas practicadas en la pared, bien a un depósito o cubo, de ahí la denominación de algunos molinos como «El Cubo» o «Cubillo», o bien descendiendo por un bocín o saetín hasta golpear el rodezno o rueda hidráulica horizontal, situada de-bajo del piso del edificio, la cual hace girar, moviendo directamente por un eje vertical, las ruedas de moler situadas en el piso superior. El agua sale después por el cárcabo y por un canal de evacuación o «socaz» se dirige de nuevo al río. Cuando se dice que un molino tiene una o varias piedras o muelas, se quiere decir que se podía moler simultánea o alternativamente con una o más piedras.

Los molinos de la zona responden al esquema básico de funcionamiento descrito, aunque hay que lamentar el alto número de ellos que se encuentran totalmente arruinados. A pesar de todo todavía hoy puede verse moler grano como hace cientos de años en el molino de «Hernán Pérez», en Zorita.

Normalmente el pleno rendimiento del molino solía durar ocho meses al año, desde los Santos (1 de noviembre) hasta San Juan (24 de junio), dependiendo después del agua que dejaba el estiaje. Su funcionamiento solía ser de doce a catorce horas al día, si bien en la descripción de Ensenada se di-ce que algunos molinos molían día y noche.

LOS MOLINEROS

El oficio de molinero ha sido siempre un oficio noble y de tradición familiar que pasaba de padres a hijos. Y este es el caso de la mayoría de los molineros de Cardeñosa, Mingorría y Zorita y Pozanco.

El oficio de molinero solía compatibilizarse con otros oficios o trabajos, como los de panadero, labrador o arriero; algunos tenían colmenas y otros trataban con lana o hacían al-bardas. Y es que como los molinos sólo funcionaban ocho meses al año, ello permitía realizar otras actividades. Además, las numerosas recuas de burros, mulas y caballos de que disponían los molineros para transportar el grano y la harina podían utilizarse en verano para la arriería o trajinar. Asimismo, para mejorar su economía familiar el molinero solía cultivar una pequeña huerta y criar algún cerdo.

Hasta principios de siglo la explotación de los molinos fue una actividad rentable para algunos molineros, y así en el censo electoral de Diputados de 1862 figuran como electores varios molineros, por pagar 400 reales de contribuciones directas. Esta capacidad contributiva y posición social hizo posible que algunos molineros también fueran alcaldes o concejales. Ello abundaba la idea de que los molinos creaban riqueza en el pueblo, y así el Ayuntamiento de Mingorría en una sesión de 1851 acordó ceder los terrenos necesarios para la ampliación de los propietarios que lo solicitaron.

El oficio de molinero, quien en muchos casos vivía en el molino, suponía realizar el duro trabajo, subiendo y bajando pesados sacos de trigo y harina continuamente. El molinero también debía cuidar los elementos mecánicos del molino, tenía que controlar la regular entrada del agua, picar las muelas de piedra rehaciendo las estrías para lo que tenía que desmontar las pesadas piedras, debía revisar y reparar frecuentemente los mecanismos del molino que eran de madera, además de reforzar la pesquera ante los destrozos de la crecida y limpiar el caz y los desagües.

Es posible que la figura del molinero parezca ahora algo romántica, pero hay que reconocer con Nicolás García Tapia que sus condiciones de trabajo le hacían ser víctima de enfermedades provocadas por la insalubridad del agua estancada por el azud y el polvo de la harina. Además, el lugar de trabajo era pequeño, incómodo, sombrío y ruidoso, con una jornada ilimitada. No obstante, también hay que decir que existían innumerables compensaciones y que el resto de los trabajadores del medio rural tampoco vivían en mejores condiciones.

En la actualidad, los hermanos Sansegundo, algunos de ellos ya jubilados, mantienen en perfecto estado de funcionamiento el molino llamado de Hernán Pérez, situado en la margen izquierda del río Adaja junto al puente de Zorita.

RUTA DE LOS MOLINOS «REVUELTA» Y «GALLEGUETE»

Los molinos de Revuelta y Galleguete son los únicos que se conservan en la margen izquierda del Adaja en el tramo que va desde la presa de las Cogotas hasta los «Callejones de Chascarra», dentro del término de Cardeñosa, si bien se aprecian restos interesantes de otros tres molinos más.

Situándonos a los pies de la presa de Las Cogotas, y siguiendo entre encinas el curso del río, enseguida encontramos los restos de un antiguo molino del que se conservan grandes piedras. No muy lejos pronto observamos una vieja rueda de moler junto a otro montón de piedras de lo que fue otro molino. Desde aquí una vereda conduce al molino de «Revuelta», un edificio de una planta y buena mampostería que se conserva en buen estado, aunque las cuadras anejas estén hundidas.

Desde el molino de «Revuelta» continuamos por un camino ascendente del que nos desviamos al poco tiempo en el primer camino que sale por la derecha, el cual nos lleva al molino de «Galleguete» o de Peñalén. Si hubiéramos continuado por el camino ascendente que va a Cardeñosa, después de media hora y coronar el monte, un camino a la derecha nos habría llevado hasta las ruinas de los molinos Barbas de Oro y El Castillo, situados frente al molino de Mingorría denominado El Grillo o de «Cañete». El molino de «Galleguete» aparece después de un brusco giro del río, donde quedan las paredes del molino de Revoltillo. La abundancia de agua que sobrepasa el dique de la balsa del molino presenta una bella estampa y una llamativa perspectiva con los Callejones de Chascarra al fondo. El molino es un edificio de una planta de mampostería que fue sobreelevado con una planta más de adobe, que todavía se mantiene en pié, a pesar de su abandono y progresiva ruina. De regreso por el mismo camino, no hay que olvidar echar la vista atrás para admirar de nuevo el impresionante paisaje.

RUTA DE LOS MOLINOS DE «TREVEJO» Y «LAS MONJAS»

Partiendo desde Mingorría por la antigua carretera de Ávila, y antes de llegar al alto de San Blas, tomamos el primer camino que sale a la derecha en dirección a la ermita de la Virgen, pero continuaremos después por el camino de la izquierda, llamado de Rogallinas. Al llegar al arroyuelo del mismo nombre, habremos dejado a la izquierda un aserradero de piedra donde se ha mecanizado el oficio de cantero, un oficio característico de este pueblo.

Siguiendo nuestro camino, dejando a la izquierda una caseta de hortelado, llegamos al monte de encinas que en otro tiempo fue comunal y hoy es de las dehesas de La Malita y El Ciego. Continuando rectos, dejaremos a ambos lados sendos caminos que conducen a los caseríos de estas dehesas. Cuando el camino empieza a ser más estrecho y sinuoso, aparece un abrevadero de pilas de piedra servía a las cansadas caballerías de mulas y burros que transportaban el grano y la harina. El ruido del agua ya nos avisa de la cercanía del molino «Trevejo» que se divisa desde un altozano, donde una vereda casi inapreciable nos desvía a las ruinas del molino de «Las Monjas».

Ya en el molino Trevejo vemos que se encuentra cerrado y que todavía conserva toda su techumbre a cuatro aguas, mientras que las cuadras anejas están arruinadas. Las obras de ingeniería realizadas para moler el grano son asombrosas: ahí están la pesquera, el caz, la balsa, los cárcabos y el propio molino de buena piedra de mampostería.

Siguiendo el curso del río, subiendo y bajando por la ladera del monte, o regresando hasta la vereda que dejamos antes, llegamos al molino de Las Monjas, debido a que fueron sus propietarias las monjas de la Encarnación de Ávila, del cual sólo se conservan restos de las paredes y de alguna rueda, suficiente para darnos una idea del esfuerzo que debió suponer su construcción y su puesta en marcha.

Ya de regreso, nos asomamos echando la vista atrás para contemplar la grandiosidad del paisaje.

RUTA DE LOS MOLINOS «PAJUELA», «NUEVO», «EL CUBO» Y «EL GRILLO»

Saliendo de Mingorría nos dirigimos a la ermita de la Virgen. Junto a la ermita se halla una escultura zoomorfa de la época celta, conocida como «el marrano de la Virgen».

Prosiguiendo el camino de-jamos de lado el paraje de Los Villares, posible asentamiento medieval, y a la izquierda una caseta de la huerta de frutales que allí había. Pronto cruzamos el arroyuelo de Rogallinas, que riega una hermosa arboleda de chopos en galería. Después nos adentramos en el monte del Ciego, donde sobresale un palomar de planta cuadrada, sin tejado, construido a media altura de mampostería y el resto de adobe. Es una edificación singular junto al caserío de la dehesa.

Dejado atrás el palomar, el camino se bifurca en dos: el de la izquierda conduce a las ruinas del molino de Pajuela y al molino «Nuevo» o de Joselito. El camino de la derecha nos lleva a las ruinas del molino del Cubo y al molino del «Grillo» o de Cañete. Ambos caminos son pedregosos, angostos y con mucha pendiente, por los que sólo se puede ir andando.

Sobre el molino Nuevo se levanta una pared rocosa imponente, entre cuyas grietas se asoma alguna encina. Este molino sólo conserva las paredes, además de las obras de ingeniería de conducción de agua. El molino del Grillo acogía a la familia del molinero, el «Tío Cañete», y ahora se le está hundiendo la techumbre, como a las construcciones anejas destinadas a cuadra y pajar.

Al otro lado del río, donde se revuelve en bruscos giros, se divisan los restos de los molinos de Barbas de Oro y el Castillo, todo en un inmenso mar de encinas.

RUTA DE LOS MOLINOS DE «LAS JUNTAS», «NEGRILLO» E «ITUERO»

Desde Mingorría nos dirigimos a la Fuente, que también es abrevadero, junto al arroyo de La Reguera. Allí se encuentra el potro de herrar ganado y a la izquierda se divisa la ermita de la Virgen, mientras que a la derecha, sobre las cuestas «extremeñas» se levanta un palomar de tipo circular todavía en uso. Ahora tomamos el camino de poniente, dejando el arroyo de la Reguera a la derecha, junto al cual se encuentra la arboleda de chopos de galería de La Alameda.

Siguiendo nuestro camino, dejamos a la derecha otro palomar, éste de planta cuadrada del que sólo quedan las paredes de mampostería, es el palomar del Escribano, ya que su propietario, Antonio Pajares, fue notario y alcalde de Mingorría en la última mitad del siglo XIX.

Pronto llegamos al comienzo del monte, cruzamos el arroyuelo de las «Gallinas» o «Rogallinas», que a la derecha no tardará en unirse al arroyo de «La Reguera» y «El Colerón» para desembocar en el Adaja junto al molino de Ituero. Continuando de frente, dejando a la izquierda el encinar, pasaremos dos promontorios, desde el segundo, a la derecha, una estrecha vereda conduce al molino de Ituero. Continuando de nuevo de frente nos asomamos a un barranco poblado de vegetación, por donde pasa el río. Para llegar tomaremos el camino que sigue a la izquierda, donde enseguida encontraremos un excepcional mirador con el río a los pies del monte, y después de un trayecto en «zig-zag», angosto y pedregoso llegaremos al molino de Las Juntas. Es un edificio de una planta con la cubierta semihundida a dos aguas. El río se ensancha interrumpido por el azud que forma la pesquera entre abundantes fresnos, de donde sale el canal o «caz» que conduce el agua para moler.

Siguiendo el río aguas abajo, enseguida nos encontramos con el «caz» de las ruinas del molino Negrillo, de donde un camino nos llevará de regreso por la ladera del monte. También puede seguirse por la orilla del río, subiendo y bajando por la accidentada margen hasta llegar al molino de Ituero, si es que no dejamos esta visita para otra ocasión en la que nos desviaremos antes de bajar al molino de «Las Juntas».

Junto al molino de «Ituero» el río vuelve a retorcerse en pronunciados quiebros. El molino, que sólo conserva las paredes, era de una planta con cubierta a dos aguas, y su entrada se hizo cortando la roca. El río continúa bajando como una serpiente para esquivar los paredones de Los Colmenares y «Peña Águila», impresionantes formaciones rocosas.

La vuelta a Mingorría puede hacerse por la vereda que sube hasta el encuentro con el camino del molino de «Las Juntas» o en dirección contraria, casi escalando, hasta llegar a la casa de «Los Colmenares», utilizada como encerradero de ganado, de donde sale un camino hacia el pueblo.

RUTA DE LOS MOLINOS DE «HERNAN PEREZ» Y «NUEVO», Y BATAN «EL CALEÑO»

Tomando desde Mingorría la carretera provincial que se dirige a Zorita de los Molinos y Las Berlanas, y dejando atrás el cementerio de la localidad y a un lado, a mitad de camino, el caserío de La Veguilla, después de cinco kilómetros llegamos al puente que cruza el río. Cruzado éste, a la izquierda sale un camino que nos conducirá a varios molinos.

El primer molino que nos encontramos es el llamado de Hernán Pérez, en el cual muelen y viven los hermanos San Segundo: Valeriano, Tomás, David y Manuel, quienes lo conservan en perfecto estado y gustosamente lo enseñan a los visitantes. Es una buena muestra del ingenio de los constructores de molinos y de los artífices de su funcionamiento. Una gran pesquera o presa embalsa el agua, que se canaliza hasta el molino entre abundante arbolado de fresnos. El agua, después de mover las ruedas hidráulicas, servía a otro molino conocido como El Molinillo, volviendo después al río.

El camino continúa hasta el molino Nuevo o de Los Policas, el cual debe su nombre por haber sustituido a otro que se llevó el agua, cuyos restos todavía se aprecian. Este molino se conserva en perfecto estado por su propietario y es un buen ejemplo de arquitectura popular. Las vistas son de gran belleza.

Más adelante, aguas arriba, se halla el edificio majestuoso de lo que fue el batán El Caleño o molino El Francés, utilizado en el tratamiento de paños y pieles, antes de reconvertirse en molino harinero. Sólo se conservan las paredes de mampostería de una construcción de dos plantas, además de la infraestructura que posibilitaba su funcionamiento. Cercanos a éste había otros dos batanes más, de los que sólo quedan algunas piedras de sus paredes tapadas por la vegetación.

RUTA DE LOS MOLINOS «PIAR» Y «EL VEGO»

Situándonos de nuevo en la carretera de Zorita y Las Berlanas, una vez cruzado el puente sobre el río Adaja, el cual fue reconstruido hacia 1923 sustituyendo a otro que se llevó una riada en 1912, que debió ser obra de Antonino Prieto, llegamos a Zorita de los Molinos, localidad anexionada a Mingorría en 1833. Nada más dejar el pueblo, a la derecha sale el camino que conduce al caserío El Chorrito. Si continuamos atravesando el caserío, junto a la ermita construida en 1892 por Antonino Prieto, llegamos al río, que antiguamente se podía cruzar por un puente de madera, dando acceso al molino El Cubo, del que ya sólo quedan las paredes arruinadas.

Volviendo a la carretera, en el desvío del camino de Peñalba nos encontramos con una pequeña ermita construida en honor del Cristo de la Agonía o de la Santa Veracruz, a cuya entrada hay una cruz de piedra.

Más adelante, otro camino que sale a la derecha nos lleva a la finca de La Aldehuela y a la ermita construida por Celedonio Sastre en 1930. Al Este del caserío pasa el río en cuyas márgenes quedan restos del antiguo molino Piar.

Continuando el camino inicial que llega a la dehesa de Navares, cruzamos el arroyo de la Chavata por un puente estrecho y en mal estado, y nos adentramos en los pinares de la dehesa de Olalla, donde siguiendo el camino de la derecha nos llama la atención la buena construcción de un palomar de ladrillo. Desde aquí ya se divisa el caserío de la dehesa a la izquierda, y al otro lado, en dirección al río, pronto aparece el molino del Vego. Este molino es de dos plantas, conservándose el edificio en buen estado, el cual sigue recibiendo el agua por la cacera que sale del río junto a la desembocadura del arroyo de la «Chavata».

Para regresar, podemos volver en dirección contraria, bordeando los pinares por el camino de Gotarrendura, y desviándonos a la izquierda encontraremos de nuevo la carretera, donde más adelante se hallan las ruinas del Torreón de Garoza, en el término de Peñalba de Ávila.

RUTA DE LOS MOLINOS DEL «CUBO», «CUBILLO», «VIEJO» Y «CANONGÍA»

Situándonos una vez más en la carretera de Zorita, antes de llegar al puente construido sobre el río Adaja, a la derecha sale el camino de Pozanco desde el que se accede a una planta de extracción de áridos existente junto al río. En este mismo lugar se han encontrado vestigios de un yacimiento de la edad del bronce medio, y desde aquí se aprecian los restos de un antiguo puente de piedra que se llevó el agua.

Los grandes movimientos de tierras realizados en la zona han propiciado la creación de una laguna y un humedal donde acuden patos y otras aves. Cruzando el humedal nos adentramos en el pinar y el soto del Chorrito.

El camino sigue paralelo a la larga cacera del molino El Cubo, del que sólo se conservan restos de sus paredes. La abundancia de fresnos y pinos crea un bello paisaje junto al río.

Más adelante, entre chopos, se produce la desembocadura del arroyo Regajal, el cual era salvado en el camino de Pozanco por un pontón que se llevó el agua y que hoy todavía no ha sido reconstruido. Por ello es preciso regresar a la carretera en dirección Mingorría, hasta el camino siguiente que nos sale a la izquierda y que pasa por el caserío de La Veguilla, propiedad en otros tiempos del Duque de Montellano.

Desde aquí llegaremos de nuevo al camino de Pozanco, el cual dejaremos después para atravesar los pinares por un camino que conduce al molino del Cubillo o de Castellanos, de cuyo manantial se abastece el pueblo de Mingorría. El «cubo» y el «cárcabo» abovedados en ladrillo llaman la atención por su buena construcción. En su balsa se hallan instaladas unas mesas con asientos para merendero.

Para ir a los molinos Viejo y de Canongía basta seguir el curso del río o adentrarse en el pinar de donde sale el camino de acceso. Estos dos molinos, que también fueron vivienda, se hallan en buen estado de conservación, y en ellos pueden apreciarse perfectamente las características de su funcionamiento, además de admirar su entorno natural.

RUTA DE LOS MOLINOS DEL VOLTOYA

Los molinos harineros del Voltoya, a su paso por la provincia abulense, pueden descubrirse en el tramo comprendido entre Tolbaños y Velayos, donde están los de Tolbaños, Tabladillo, Aldealgordo, Las Gordillas y Velayos, desde aquí el río llega al pueblo siguiente de Sanchidrián donde sirve al molino de Almarza, para después adentrarse en la provincia de Segovia. El paisaje de la ribera del Voltoya es muy similar al que bordea el Adaja y el río discurre rodeado de encinares y berrocales graníticos que poco a poco van dejando paso a las tierras llanas.

El molino de Tolbaños ha sido recientemente rehabilitado con extraordinario gusto y está abierto al turismo como casa rural. A este molino se llega desde el pueblo tomando el camino de concentración parcelaria que sale en dirección Este hasta hacer incursión en el encinar y llegar al río. Este molino sustituyó a otro situado entre grandes rocas de granito aguas arriba, en el arroyo Cortos o de Berrocalejo, poco antes de que se una al Voltoya en el lugar conocido como Juntarríos.

Cerca del molino de Tolbaños, siguiendo el camino de la margen derecha, en la dehesa de Tabladillo perteneciente al término de Ojos Albos, se halla el molino Salto de la Cabra, y aguas abajo todavía se aprecian los restos de otro que se llevó el río. Las grandes formaciones graníticas de la zona magnifican el paisaje de encinas y guardan un extraordinario parecido con el molino «Nuevo» o de «Joselito», en el Adaja.

Para visitar los molinos situados aguas abajo puede seguirse el curso del río, pero es más cómodo retomar el camino de Tolbaños y, por la carretera de Mingorría, dirigirse a Velayos. Desde el pueblo hay que tomar la carretera de Maello, y después de cinco kilómetros entre encinares llegamos al caserío de Las Gordillas. Desde aquí, por la margen derecha del río, aguas arriba llegamos al molino de Aldealgordo, el cual se conserva todavía en buen estado, tal cual lo dejaron los últimos molineros de Maello.

Al norte de Las Gordillas sale el camino del molino de esta dehesa, el cual sigue paralelo al río hasta unirse con la urbanización del Coto de Puenteviejo, cuyo estado permite su recorrido en coche. Después de unos tres kilómetros y pasar por un antiguo tejar llegamos al molino, una construcción destacable de dos plantas, con vivienda incluida, que actualmente está en ruinas con gran parte de su maquinaria en el interior. Las tierras que rodean el molino de Las Gordillas fueron objeto de más de una página literaria escrita por Miguel Delibes, pues hasta aquí se acercó en muchas ocasiones a cazar.

Para llegar al molino de Velayos tomamos el camino que sale del pueblo por el Este, el cual llega por el montecillo de la dehesa Aldehuela de la Freila hasta el río, en cuya orilla las mujeres lavaban la ropa. El molino, construido todo de adobe, se encuentra en ruinas, permaneciendo en pie las paredes. En las márgenes del Voltoya abundan los fresnos entre el manto verde que cubre las orillas.
Rutómetro
Se traza desde Mingorría en tramos cortos que se dirigen a los molinos del Adaja y del Voltoya, pasando por los pueblos de Zorita, Velayos y Tolbaños.

A los molinos situados entre los encinares de Cardeñosa, Mingorría y Zorita sólo se puede acceder andando, al resto en coche o bicicleta por distintos caminos de herradura.
Fotos de la Ruta
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