Ruta del Río Adaja

 
 
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Mingorría :: Ruta del Río Adaja
Destacamos en la ruta el paisaje sobrecogedor que presenta el río Adaja cuando abandona la ciudad de Ávila y traspasa la presa de Las Cogotas.

En el recorrido pueden admirarse los extraordinarios berrocales graníticos rodeados de encinas y los pinares que se multiplican al avistar la tierra más llana, así como los numerosos molinos que se asoman desde las márgenes del río.

Mingorría
(Valle Amblés y Sierra de Ávila)

Al norte de la capital abulense, donde el río Adaja encamina sus aguas después de abandonar el recinto amurallado y donde el paisaje de los encinares y las rocas graníticas se vuelve verdegrís, se nos antoja un viaje mágico por las entrañas de una tierra que quiere ser redescubierta. Sin alejarnos más de cuatro leguas de la ciudad de Ávila dibujaremos un espacio geográfico que tendrá su referente en la ribera del Adaja, en una extensión que llega por el norte hasta donde el terreno se hace llano en la Moraña cerealista.

En este viaje tomaremos como atalaya el Castro de las Cogotas, situado junto al río Adaja, a sus pies se halla la presa que ha tomado prestado el mismo nombre, desde él puede alcanzarse con la vista una parte importante del terreno a explorar.

El paisaje que caracteriza la zona natural se identifica en una mitad por una masa arbórea importante de encinas que bordea el río Adaja, en contraste con la otra mitad, donde predominan los cultivos ceralistas. El paisaje agreste del encinar se ve apaciguado en la llanura donde crece la cebada y el trigo, también por enclaves de pinares y por multitud de arroyos donde se yerguen altos chopos en galería. Los caseríos que se agolpan en los distintos pueblos salpicados por iglesias y ermitas ofrecen una sugestiva imagen de historias y tradiciones.

El río Adaja, después de dejar Ávila, inicia un singular y sinuoso trazado que propició a partir del siglo XIII la aparición de multitud de molinos harineros, característicos de una incipiente actividad industrial de transformación de los productos cerealistas. A las orillas se encarama un mar de encinas con atalayas de berrocales graníticos. El río de Ávila pasa por la ciudad ennoblecido y señorial, y aguas abajo se convierte en un caballero con armadura dispuesto a guerrear con un terreno inhóspito y accidentado.

El río llega hasta la presa después de unos 35 kilómetros, distancia que le separa del lugar de su nacimiento en el puerto de Villatoro. Antes también ha pasado por el valle Amblés y la capital abulense.

En Ávila, las aguas del Adaja sirvieron para mover las ruedas de la Real Fábrica del Algodón, construida en 1792 sobre el lugar que ocupaba un molino harinero que llamaban del «Puente de Adaja». Otros molinos harineros existentes entonces en esta misma zona del río eran los llamados de la Losa, el Batán, Carril, Cubo, Verdeja y Pedrosillo, además del molino Contón, propiedad del capellán de Mingorría en 1751. En la actualidad, a excepción del molino de la Losa, que ha sido rehabilitado como restaurante, apenas quedan restos de aquellos otros, pues fueron sepultados por las aguas del embalse de Fuentes Claras y la propia presa.

La visión de la llegada del río desde la ciudad trae las viejas glorias de su paso por el puente romano, junto a la iglesia de San Segundo y lamiendo el entorno de sus murallas.

El Adaja es el río de la capital abulense y es el río de los primeros pobladores de estas tierras. También es el río de los pueblos que atraviesa, surgidos todos ellos en tiempos de la repoblación cristiana del siglo XI.

El río que vemos siguiendo el curso después de su amansamiento en los embalses que suceden a los puentes de la ciudad es un trozo con rocas y encinas en sus márgenes, es el agua con furia desatada en continuo movimiento al compás de molinos y batanes.

Desde nuestro puesto de centinelas sobre la carretera que cruza la presa, o desde el mirador construido a un lado, de espaldas a la masa de agua embalsada, podemos contemplar la selva de encinas y rocas graníticas por donde se abre paso al río. Al Oeste se halla el cerro del castro de las Cogotas y se escucha el repicar de los punteros sobre la piedra, tarea en la que se afanan los canteros del pueblo de Cardeñosa. Al Este, en terreno de la dehesa de Yonte, se encuentran las canteras abiertas al cielo por los canteros de Mingorría sobre paredes rocosas rodeadas de encinas. Estas cuadrillas de artesanos crearon una peculiar sinfonía de sonidos y ruidos al golpear la piedra, aunque en la actualidad los canteros de Mingorría se trasladaron a otros tajos.

En el horizonte que se divisa desde el castro de las Cogotas queda escondida Ávila, mientras, en el nuevo río que nace desde la presa, aparece nuestra Ávila rural y primitiva.

El río ha recobrado la fiereza y bravura propia de los caballeros de Ávila y continúa su curso, lo que hace serpenteando un terreno agreste y rocoso, descendiendo bruscamente, discurriendo por hondonadas entre encinares y abriéndose mansamente entre pinares a la llanura morañega.

Aguas abajo de la presa de las Cogotas, siguiendo la línea divisoria de los términos de Ávila, Cardeñosa y Mingorría, el río de Ávila se ve salpicado por berrocales de piedra granítica que el agua va sorteando en forma de auténticos rápidos, y su curso discurre por profundos barrancos, a cuyas orillas aparecen importantes escarpes rocosos. El río se embravece en un trazado accidentado por la mano del hombre que construyó pesqueras, canales, caceras y balsas para servir a los molinos hidráulicos que se asoman tímidamente desde la ribera.

El viajero intrépido puede acompañar al río de Ávila en la permanente batalla que se libra abriendo el cauce inhóspito y agreste a lo largo de cuatro leguas. En el primer tramo cruzaremos la presa hasta colocarnos a sus pies, situándonos en la margen izquierda del río. Para ello descenderemos andando por la carretera existente y, desviándonos antes de llegar al aliviadero del pantano, tomaremos la orilla de la izquierda. Desde aquí veremos, imponente, el muro de la presa, al Este de la dehesa de Yonte, cuyo punto más alto alcanza los 1.121 metros de altitud, y al Oeste el risco de las Cogotas, con similar altura. Proseguiremos nuestro camino por la ribera sorteando rocas y encinas, y pronto veremos los restos de un antiguo molino del que ya sólo quedan las grandes piedras que se emplearon en su construcción. Siguiendo la senda dejada por lo que debió ser el socaz, las ruinas de otro viejo molino aparecen junto a una desgastada rueda de piedra que quedó abandonada. A nuestra derecha el río discurre con estruendo, dejando escapar todavía un poco de agua por la cacera que construyó el hombre. Pequeñas sendas sirven de guía al viajero explorador para llegar desde aquí al cercano molino Revuelta. Sobre el dintel de la puerta puede leerse: «Revuelta. Año de 1922. Propiedad de Juan Zazo. Reformó Cándido Herráez».

La buena construcción de piedra hace que el molino se mantenga en perfecto estado. Aquí el río inicia un escabroso giro de más de noventa grados, y en la curva quedan restos de lo que fue el molino de Revoltillo. La perspectiva ciertamente es asombrosa y se engrandece cuando el río endereza su curso para servir al molino de Galleguete que pronto ha hecho presa de tanto caudal. Enfrente, entre lanchas de piedra que se nos antojan formaciones realizadas por el hombre para aprovechar la energía del río en lo que pudieron ser otros molinos o batanes.

Aquí, el río empieza a encajonarse para poder pasar por los llamados Callejones de Chascarra, unos enormes paredones graníticos que cortan el terreno rocoso poblado de encinas. En estos paredones hay formada una cueva al mismo nivel del río que por su difícil acceso sirvió de escondite al famoso bandolero de Cardeñosa llamado «Marianillo» o «Marianete». Este singular revolucionario aplicaba la peculiar teoría de robar a los ricos para dárselo a los pobres, hasta que decidió robar también a los recaudadores de impuestos y ello provocó una decidida persecución por la Guardia Civil. Finalmente murió de un tiro que le dio un pastor que conocía bien el terreno ante la impericia de los guardias. Todavía hay gente en los pueblos de la zona que recuerdan a Marianillo como un buen hombre a su manera.

Desde los Callejones de Chascarra los pobladores medievales construyeron la pesquera o azud del molino «Trevejo». En ambas márgenes predominan los montes de encinas de la dehesa de Cabreras en el lado izquierdo, y de las dehesas de La Malita y El Ciego en el lado derecho.

Pasados los Callejones de Chascarra, desde el encuentro con el arroyo del Monte, donde quedan restos del molino «El Cubo de Mariscano» y siguiendo el mismo curso del río los molinos cuyos vestigios se conservan en la zona son: «Trevejo», «Las Monjas», «Pajuela», «El Nuevo» o de «Joselito», «El Cubo», «El Grillo» o de «Ruleta» o de «Cañete»; enfrente, al otro lado del río, en la dehesa de Cabreras están las ruinas del «Barbas de Oro» y «Castillo»; volviendo a la margen de Mingorría está el de «Las Juntas» y las ruinas del «Negrillo». Cerca de estos últimos están los charcos del Redondillo y el Arenal, donde había una zona de baño y las mujeres lavaban la ropa. Incluso aquí también hay que lamentar la desgracia de algún niño que murió ahogado. En esta parte se puede cruzar el río si trae poco agua, como antiguamente hacían los cabreros hasta la dehesa de «Cabreras», donde pastoreaban.

En torno a la mayoría de los molinos se levantan arboledas de alisos, negrillos, chopos y fresnos, cuyo porte y colorido resaltan entre el verde uniforme de las encinas. En la zona pueden verse, prestando atención, alguna que otra garza, el ánade real e incluso cormoranes, y también águilas culebreras y otras rapaces. La arquitectura popular alcanza sus máximos exponentes en los mismos molinos, los cuales han sido construidos en lugares casi inaccesibles y en los que la piedra granítica, extraída del propio terreno por los canteros de la localidad, constituye el material básico y fundamental de la edificación.

El río prosigue su curso retorciéndose en giros de noventa grados hasta llegar al molino de «Ituero» o del «Tío Deogracias», o de «Teresitas», o de «Miaja», donde le sale al encuentro el arroyo de «La Reguera» con «El Colerón». Las rocas y peñascos del paraje de «Los Colmenares» se apoderan del paisaje y encajonan el río, destacando aquí el escarpe rocoso de «Peña Águila», desde el cual antaño se lanzaban los perros que se sacrificaban. En este mismo lugar, el río también se ha tragado vidas humanas y alguna cabra que pastaba entre las rocas. Esta zona se verá transformada en el futuro con la construcción de un azud desde donde se canalizará el agua de la presa de «Las Cogotas».

Al otro lado del río, donde el encinar de la dehesa de «Cabreras» cubre la ladera montañosa que se adentra en Zorita, se hallan las ruinas de dos batanes y de un tercero que conserva las paredes nombrado «El Caleño» o «El Francés». Siguen el molino «Nuevo» o de «Los Policas» y el de «Hernán Pérez», cuyo agua era aprovechada por el «Molinillo». Todos ellos están unidos por una galería de alisos, chopos y fresnos que dejan paso al ensanche del río en el charco de «Jumentrún».

Llegados al puente que comunica Mingorría con Zorita, y a partir de aquí, las aguas se vuelven mansas y tranquilas, después que en otros tiempos su fuerza provocara la caída y ruina de otros puentes anteriores, como ocurrió en 1912 cuando, además, el agua arrastró la pesquera del molino de «El Francés». Esta parte del río es el lugar preferido por los pescadores que esperan pacientemente a que piquen barbos, anguilas, carpas, cachos o bermejuelas, tan abundantes en otro tiempo como también lo fueron los cangrejos.

Continuando aguas abajo el curso del río, y pasado el puente nuevo, al que suceden restos de otros, existe una zona de baño frente a una pared arcillosa conocida como «Suellanarices», lugar apropiado donde se había proyectado una playa fluvial. Al otro lado nos encontramos con una planta de extracción de áridos, lugar donde se han encontrado restos de un yacimiento de la edad del bronce medio. La extracción de arena ha propiciado la creación de una laguna, con la aparición de una rica vegetación palustre, convirtiéndose en un humedal frecuentado por diversas aves acuáticas.

Desde el puente caído que se halla junto al arenero el paisaje se llena de pinos piñoneros y negrales, destacando también la abundancia de fresnos y chopos en torno a las ruinas del molino del «Cubo», donde se encuentra el soto del «Chorrito». En esta zona húmeda crecía la bardaguera, una mimbre que era utilizada para la fabricación de cestos por los numerosos cesteros de Zorita y Mingorría.

El paisaje de pinos se mezcla después con la galería de chopos que crecen en la desembocadura del arroyo Regajal, frente al paraje de «Las Bragas» donde estaba el molino «Piar». El pinar se prolonga siguiendo al río a su paso por la dehesa de Olalla, en cuya margen izquierda se levanta el molino del «Vego». Enfrente se hallan los molinos de Pozanco que explotaban «Los Polilos», afamados molineros y dulzaineros. El primero de estos molinos es el «Cubo» o «Cubillo» o «de Castellanos», que fue propiedad del vecino de Mingorría Eugenio Nieto, y cuya balsa y manantial fueron adquiridos por el Ayuntamiento para abastecer a la población de agua potable, en el mismo lugar existe un merendero. Los molinos que siguen se llaman «Viejo» y «Canongía».

Después de los últimos molinos citados, el río llega al límite del término de Zorita y Mingorría por su margen izquierda entre pinos, chopos y fresnos, y el paisaje llano se abre a los campos cerealistas de la Moraña, después de pasar por los pinares de la dehesa de Navares, donde quedan restos del antiguo molino del «Prior».
Rutómetro
Desde la Presa de las Cogotas hasta el comienzo de la llanura morañega, pasando por los términos municipales de Ávila, Cardeñosa, Mingorría, Zorita de los Molinos, Pozanco, Peñalba de Ávila, Vega de Santa María, Hernansancho y Blascosancho. Debe hacerse por tramos.

Primer tramo
Por la carretera N-403 que une Ávila con Mingorría, tomando un desvío que sale en el p.k. 146,5 hacia la presa.

Segundo tramo
Desde Mingorría, por el camino de los molinos.

Tercer tramo
Desde Mingorría, por la carretera de Zorita de los Molinos hasta el puente sobre el río, pudiendo continuar aguas arriba o abajo hasta Pozanco.

Cuarto tramo
Por la carretera de Vega de Santa María-Gotarrendura hasta Navares, con desvíos a izquierda y derecha.

El recorrido puede hacerse en coche o bicicleta hasta llegar al río, después hay que seguir su curso andando.
Fotos de la Ruta
Mingorría :: Ruta del Río Adaja   
 
Critica sobre la página. 22-10-2013 04:53:36
Buenas, muy buena intención con la página, pero si quieres hacer una ruta, aquí no encuentras información gráfica para hacerla. Si se quiere promocionar una ciudad, hay que currarselo más, si no, que vean la página de Segovia. Agur.
Itziar Gomez Velilla
 
 
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