Vieja iglesia de San Miguel Arcángel

 
 
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Albornos :: Iglesia de San Miguel abandonada
C.P.: 05358
Municipio: Albornos
(La Moraña)
La vieja iglesia de San Miguel Arcángel está situada fuera de la población, al otro lado del río Arevalillo.

Actualmente está abandonada y en peligro de ruina.
Descripción ampliada
La antigua parroquia de Albornos se encuentra alejada de la población, a unos 400 m. al suroeste y en la orilla opuesta del Arevalillo, lo que motivaba que durante las crecidas no se pudiera usar al quedar sumergido el humilde paso sobre vigas de madera que condujo a ella durante siglos. Hoy, pese a contar con un puente capaz, Esta mucho mas aislada, olvidada por sus propietarios que no por sus feligreses despojada y en verdadero peligro de ruina.

El motivo de su emplazamiento alejado del casco urbano es una incógnita que se repite en otros templos próximos como los de San Pedro del Arroyo o las Berlanas. Sin embargo, cabe apuntar que no era extraño en el siglo XVI que dos o mas aldeas de pequeño tamaño compartieran los gastos de construcción de un solo templo que las diera servicio.

Normalmente este se construía en la localidad de mayor importancia, pero en situación favorable a la legad de los parroquianos desde las otras poblaciones, sin salir de la provincia, se da este caso en la parroquial de Becedillas, edificada fuera del núcleo urbano en dirección a Casillas de Chicapierna, lo que se hizo, según consta documentalmente por sufragar los vecinos de ambas localidades la construcción del templo. Puede apuntarse como hipótesis-solo como tal- que se diera una situación similar para el caso de Albornos, de donde como se ha visto dependía Velagomez y teniendo en cuenta que sus curas lo eran al tiempo de estas localidades y del también desaparecido Ortigosa, emplazado al sur por tanto en dirección al templo.

Se trata de un sencillo edificio de ladrillo y cajones de mampuesto que originalmente, este es, a finales del siglo XV o comienzos del XVI, constaba de planta basilical con cabecera rectangular y una sola nave unidas por un toral semicircular en el que aun se conservan restos de la primitiva decoración a base de sillares fingidos. A los pies se alza una espadaña de tres huecos que ocupa por completo el imafronte en modelo recurrente en la comarca y que, sin alejarse, se repetiría posteriormente con mayor prestancia en Muñomer del Peco. Con ellos sus dos accesos se abarrían a los costados, ambos mediante simples arcos de medio punto hoy cegados. A este primer impulso constructivo también pertenece la sacristía adosada al norte de la cabecera, a la que se accede por una puerta adintelada y exornada con pomas. Marca su cota original un resto de cornisa con decoración singular de dentículos en el frente oriental; posteriormente seria recrecida, añadiéndose un potente machón angular. Al paso de Gómez Moreno cubría la nave una armadura de par y nudillo atirantada, por cuyo almizate corría decoración de lazo de ocho y pinturas negras de rosetas, círculos y estrellas. Se ha sustituido por otra lisa, quedando de la primera únicamente los canes. Si se ha conservado la de la cabecera, igualmente de par y nudillo con cuadrales, limas moamares y decoración vegetal de raigambre gótica que Fernandez.-Shaw Tomas y el sotocoro de la parroquial de Barco de Avila.

En la segunda campaña se añadió una nave al norte, quizá en la primera mitad del siglo XVI a juzgar por la molduración de sus arcos aunque a la espera de que se liberen los capiteles cubiertos por los muros de adobe que los ciegan. Con ello ganaba el templo un espacio que perdería en parte poco después con la construcción de una capilla en su testero.

Tal capilla funeraria fue sufragada por Pedro Sánchez, prior de Briviesca y cura de Albornos, Velamuñoz y Ortigosa según la inscripción desaparecida que remataba su reja. En ella se disponía una notable estatua yacente del prior modelada en yeso en el interior de un arcosolio. Pasmosamente este arcosolio es hoy portada occidental de la iglesia del exconvento de las Gordillas en Ávila, la lauda sepulcral frente del altar de la iglesita construida en el pueblo y únicamente queda in situ, semi-abandonado, el yacente, la mejor pieza del conjunto, Gómez Moreno anoto la existencia de un pequeño retablo renacentista en la capilla, presidido por una talla sedente de la Virgen dando un fruto al Niño. Fue desmontado y sus tablas depositadas en un domicilio particular.

Entre las demás piezas desaparecidas de las que se tiene constancia, se cuenta un retablo lateral dedicado a Cristo resucitado, realizado en 1771 y un órgano encargado al prolífico Isidro Gil, maestro vecino de Cervillego de la Cruz(Valladolid),en 1792. No se ha podido ver una rígida talla de San Miguel que Gómez Moreno fotografió y fechaba a finales del siglo XV o comienzos del XVI.

Dado su lamentable estado se produjo el derrumbe de la cubierta de la nave y algunos muros a mediados de la década de 1960, hecho que marcaría el definitivo abandono del templo. Ante esta situación y tras repartirse unas octavillas a modo de encuesta entre los vecinos, se decidió la construcción de una nueva iglesia en el casco urbano sufragada en su mayor parte gracias a los donativos de estos y a los jornales que de forma altruista echaron. Para ello dono el ayuntamiento las antiguas escuelas, que fueron cuidadosamente desmontadas para ser reaprovechados sus materiales, empezándose la nueva construcción en mayo de 1968. Del proyecto se hizo cargo, también gratuitamente, el arquitecto Antonio Piqueras del Negro quien trazo una sencilla planta de cruz latina y un alzado de reminiscencias barrocas en los perfiles del imafronte y la espadaña, que fueron posteriormente atemperados por Gerardo L. Martín González hacia 1979-80.

Hasta la nueva iglesia se trasladaron distintas piezas de la antigua parroquia : las rejas de la capilla del prior- montadas en los costados-, varias tallas, una pintura de la inmaculada, una agua bendita y la pila bautismal octogonal similar a la de Aldeaseca. Igualmente se instalo en la cabecera el cuerpo principal del retablo mayor, cuyo ático desmontado se conserva en un costado del altar. Realizado en la primera mitad del siglo XVII, se contrato su dorado en 1754 con Manuel Rubín de Celis.
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