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LA PIEDRA DE LA HIBANADERA
Tradiciones y leyendas

La hibanadera era una joven que vivía en una majada al otro lado de Riocuevas con su padre, vivían de un hato de ovejas y algún que otro animal, de los que sacaban la suficiente leche para hacer quedo que la moza vendía en el mercado de Arenas. Su padre en cambio rara era la ocasión que se acercaba a la población (el día de la fiesta o la octava del corpus), aquellos días iban a visitar a su tía Melchora, que se dedicaba a labrar la lana, el lino y la seda con la que se hacían preciosos trajes de serrana. Era soltera y tras un despecho se volvió comercianta y arisca. Vivía bien, tenia un taller de hilado, otro de telares, una pañería y cerca del río un tundidero y teñidero. Para mantener su industria contaba con la mano de obra de las muchachas de Arenas.

Cuándo la muchacha llego a edad casadera, su cuñada Melchora le pidió al padre que dejara a la hibanadera vivir con ella , para darle un oficio, una dote y un marido, a lo cual accedió. Y así se hizo, teniendo la costumbre, al llegar el buen tiempo salir a hibanar los copos de lana sobre un canchal de la cuesta Sabina, junto al muro del convento del Pilar. El padre se aceraba a Arenas para visitar a su hija que siempre le esperaba en el canchal Para oír juntos misa en el Pilar, todos los domingos. Así pasaron tres años y llego el invierno, en que las nieves y los hielos lo cubrían todo haciendo los caminos intransitables, llegado el domingo Melchora se negó a que la moza saliera de casa, pero al quedarse traspuesta la tía de una salto se escapó encaminándose a la piedra en la que se sentaba a hibanar mientras esperaba a su padre. La Tía al despertar fue a la alcoba de la chica y al no encontrarla busco por toda la casa , se abrigo y salió fuera a buscarla, pero nada, nadie la había visto. Pronto se corrieron las voces y se organizaron cuadrillas de búsqueda, así pasaron 7 dias y 7 noches, la búsqueda fue vana.

Entonces habiéndose despejado los caminos, el domingo retornó el padre y se enteró de la noticia, saliendo al punto por montes y valles a buscar a su hija hasta que murió arrecido. Todo el pueblo fue al entierro, tras el cual las amigas de la moza fueron a dejar un ramito de flores a la piedra donde se sentaba la muchacha y entonces al agacharse una de ellas para poner el ramo dijo –callaos, no oís el ruido – entonces se callaron todas y apoyando la oreja sobre la piedra todas oyeron el chikichaca de la madeja de la hibanadera cuando estaba allí trabajando. – es la hibanadera – dijeron todas y corrieron a contarlo, corriendo la noticia como la pólvora. Llegó gente de todo el partido a escuchar tal prodigio, llegando a oídos del Obispo de Ávila, no dudo en testificar el milagro que Dios había realizado: meter a la muchacha en la piedra para librarla de morir arrecida y protegerla eternamente.

Desde entonces todo aquel que pone su oído en esa piedra oye el chiquichaca de la hibanadera y al escuchar esta leyenda los más crédulos siguen poniendo el oído junto a la piedra y al afirmar no oír sonido alguno, se llevan un fuerte coscorrón y burla, al tiempo que se le dice – toma, ahora si lo escuchas-

Esta piedra fue partida el siglo pasado, pero en parte se puede visitar aun hoy, pero ten cuidado y no dejes que te engañen, pues de lo contrario te llevaras un buen coscorrón.



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